El problema no es la muerte. El problema eres tú, que has organizado tu vida entera como si no fuera a ocurrir.
No lo digo como provocación. Lo digo como diagnóstico. El hombre que aplaza lo esencial, que guarda para después lo que importa, que vive en el registro de lo provisional — ese hombre no teme morir. Teme, sin saberlo, que cuando llegue el momento no haya nada que perder. Que la muerte no interrumpa nada porque nunca hubo nada que interrumpir.
Eso es lo que no se dice en voz alta. Que el verdadero terror no es el fin, sino el inventario.
Considera lo que haces con el tiempo que tienes. No el tiempo perdido en distracciones — eso ya lo hemos examinado. El tiempo que crees estar usando bien. Los proyectos que están a punto de empezar. Las conversaciones que tendrás cuando las condiciones sean mejores. La versión de ti mismo que aparecerá cuando hayas resuelto lo que tienes pendiente.